Prácticas que dan forma
a los días.

Observaciones y exploraciones compartidas por Shelby Janssen sobre rutinas cotidianas, ingredientes de temporada y movimientos que invitan a la presencia.

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Una nota de Shelby

Este espacio nace de la curiosidad por cómo las pequeñas elecciones repetidas —un paseo consciente, una comida preparada con atención, unos minutos de movimiento— pueden hacer que la vida se sienta más coherente y propia.

— Shelby Janssen, Amsterdam

Por qué este espacio existe

Valencosta es un lugar donde se reúnen observaciones sobre la vida diaria vista desde la lente de la atención sostenida. No busco ofrecer soluciones ni atajos. Más bien, comparto lo que he ido descubriendo al prestar atención a cómo estructuro mis mañanas, qué ingredientes elijo cuando cocino y de qué manera el cuerpo responde cuando le doy espacio para moverse de formas simples y repetidas.

Todo comenzó hace algunos años cuando empecé a notar que los días se sentían más densos cuando no había ningún hilo conductor entre una actividad y otra. Empecé a probar pequeñas secuencias: cinco minutos de movimientos suaves antes de sentarme a trabajar, elegir deliberadamente verduras de la estación cuando iba al mercado, cerrar los ojos unos instantes y seguir el ritmo de la respiración antes de responder un correo importante. Ninguna de estas cosas era extraordinaria por sí sola. Pero al repetirlas, noté que el día adquiría una textura diferente.

La alimentación ocupa un lugar central en estas reflexiones. No desde la perspectiva de lo que “debe” comerse, sino desde el placer de descubrir cómo cambian los sabores según la época del año. Las zanahorias de verano tienen un dulzor distinto al de las de otoño. Las bayas que aparecen brevemente en los mercados locales piden ser comidas pronto, casi sin preparación. Escribo sobre formas de integrarlas en preparaciones sencillas porque el acto de cocinar con lo que está disponible en ese momento me parece una forma hermosa de estar presente.

El movimiento también aparece con frecuencia. No hablo de rutinas extensas ni de objetivos de rendimiento. Hablo de secuencias cortas que se pueden hacer en cualquier habitación: giros suaves de columna, estiramientos de brazos por encima de la cabeza, posturas inspiradas en tradiciones de yoga adaptadas a espacios pequeños y a cuerpos que no necesariamente buscan flexibilidad extrema. También incluyo observaciones sobre gimnasia básica —movimientos que alguna vez aprendí en clases escolares y que he ido recuperando como herramientas para “despertar” el cuerpo antes de empezar tareas que requieren concentración prolongada.

La respiración es otro hilo que recorre muchos de estos textos. No como técnica para lograr un estado concreto, sino como recordatorio de que siempre tenemos disponible un ancla. En momentos en los que la mente se dispersa entre múltiples pantallas o listas de pendientes, volver al ciclo de inhalar y exhalar de forma deliberada ha resultado ser una manera sencilla de regresar al presente sin necesidad de apartarse físicamente de lo que se está haciendo.

La persistencia —esa capacidad de continuar con algo aunque no haya resultados inmediatos— es quizás el tema que más me interesa explorar. He descubierto que las personas que logran sostener proyectos a lo largo de meses o años suelen tener rituales muy poco espectaculares: una caminata corta cada mañana, una preparación de comida que se repite los lunes, un cuaderno donde anotan tres cosas antes de dormir. No son hábitos heroicos. Son gestos modestos que, por su misma modestia, resultan sostenibles.

En este sitio encontrarás artículos de distinta extensión. Algunos son reflexiones breves sobre un solo ingrediente o un movimiento concreto. Otros son exploraciones más amplias sobre cómo organizar una semana o cómo adaptar prácticas cuando las circunstancias cambian (viajes, periodos de mucho trabajo, cambios de estación). Todos comparten el mismo tono: intento escribir como si estuviera conversando con alguien que también se pregunta cómo hacer que los días tengan más sentido, sin prisa y sin exigencias.

Si algo de lo que lees resuena contigo, te invito a dejar un comentario o a escribirme directamente. Este proyecto crece precisamente gracias a las conversaciones que genera. Y si prefieres simplemente leer en silencio, también eres bienvenido. No hay presión de ningún tipo.

Gracias por estar aquí.
Shelby Janssen
Amsterdam, junio 2026

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